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Esos raros flequillos nuevos

Esos raros flequillos nuevos
Foto extraída de "X"

“¿Por qué el flequillo rolinga es una connotación política?” me surgió esa duda esta semana, querer saber por qué detrás de un mechón cortado un dedo arriba de la ceja se arremete a un movimiento social, y más me animo a decir, con una política partidaria: las feministas. Elabore una búsqueda pretensiosa, digo pretensiosa porque por más que busque no encontré ni un sitio, una red social, video de youtube, un hilo en twitter que pudiera explicarme una historia o elaborar un anclaje entre el uso de un flequillo y el feminismo. Me aventurare en converger ambas cuestiones.

Como en el occidente le dicen “baby bang”, o como tiene lugar en el vocablo argento “el fleco ROLINGA” pero poco tienen en común. Seamos sinceras, este tipo de mechón corto se le dice así desde los 90 mediados de 01 cuando estaba de moda esa tribu urbana, tiene un contexto histórico detrás aún más que decirle “baby bang” que impone una tendencia, según el mejor portal de modas. Pero, ¿Por qué será que lo usamos? ¿Será porque nos endurece la cara, será porque sabemos que hace referencia al feminismo y lo siguiente que hacemos es tender a correr a nuestras tijeras y decirle al mundo “miren me corte el flequillo con mi tijera sin filo, soy feminista”? Entonces, es un grito de rebeldía. El primero de tantos. Sucede que un día te proclamas autónoma de vos misma este ritual es un incipiente “no me importa agradarte”, como quizás lo eran las pibas del 2001 que fumaban Phillip Morris y tomaban Quilmes que tendrían (según las canciones de la época) una higiene dudosa o bueno, tal vez no… Acontece que ellas crecieron y nos heredaron una fórmula para ser y/o parecer rebeldes. Las que se aventuraban a tener algún encuentro con el músico de su banda favorita, desdichadamente, vivían un evento traumático y lo denunciaban, claramente son nuestras primeras feministas pero no la imagen de la sufragista de antaño, sino una imagen con la que empatizamos porque están relacionadas con la locura, en cometer aquel error que todas podemos tener: confiar.

Las denuncias por acoso o abuso sexual serán más y más cada día, pero será desproporcional el número de condenados desde judicial hasta socialmente. Se irán cayendo esas imágenes de poder que parecen nunca flaquear gracias a la organización feminista. Ése será el gran avance que daremos actualmente, porque en estas épocas cualquier esfuerzo es necesario y poco. Ésto pasa cuando un gobierno no entiende muy bien cuál es el laboral que debe llevar acabo, qué es ser un Estado y uno presente.


Pero, ¿somos realmente pretensiosas las flequilludas?

Ese grupo al que se le arremete en cuestionar pensamientos arcaicos, nocivos y violentos, algunas fanáticas de mujeres poderosas como lo son Cristina Fernández o Taylor Swift, que leen a Mariana Enriquez, que van a terapia o no, se niegan en buscar perpertuar el misógino pensamiento de que deben maternar por ende, encuentran la independencia en departamentos pequeños pero muy bien decorados y limpios, que desisten en ser heroínas porque no pueden hacer más que salvarse a ellas mismas y eso es demasiado, casi sin querer y sin darse cuenta salvan a otras. Ése grupo que se organiza día a día para poder llevar acabo algún tipo de política pública, alguna ayuda solidaria buscando suplir la nula presencia Estatal. Mujeres que estudian y se forman por demás, para que muchas veces no sean elegidas y pongan en su lugar algún muñeco, lugares que encima tienen la decencia de llamarlas para informarles que están “sobre calificadas” para el puesto ¿son realmente pretenciosas? La respuesta es clara, NO. El mundo no tiene nada para ofrecerte si sos una cabeza con un flequillo con un dedo por encima de la ceja. Pero sí tiene para aquellos cuya situación capilar es nula, combinada con su nula capacidad de ejecución de los puestos para los que fueron designados.

Falta elaborar mea culpas dentro de los feminismos porque amigas mías, no se puede marchar un 8M y votar a un enano misógino… Sí se puede porque muchas lo hicieron, pero es incongruente. Al igual que luchar por el techo de cristal, para terminar conformandote con ser productora del programa de stream de tu marido que no te da una silla en la mesa ni por chiste para luego decirles “berrinchudas” a las que señalan la clara desigualdad de género que hay en estos medios. Mientras tengamos prendida la maquinita de imprimir “sororetas” diría Male Pichot, seguiremos cavando una funesta tumba sobre todo lo que se construyó en el 2018.

Téngase muy presente que queda vez que sigamos llenándonos de incongruencias, más lejos estaremos de reivindicar el flequillo rolinga y más estaremos usando un “baby bang”.