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Hubiera

Hubiera

Hubiera existido ruido, sonido, donde abunda hoy el vitoreo de un grillo.

Se hubiera llenado el espacio de cosas que compraste... Quizás.

¿Hubieras comprado qué?

¿Te hubiera dolido en el alma aquella muerte?

¿Fue tu vida un jolgorio incandescente cuando me fui? Y si no, ¿por qué me reemplazaste en tres meses?

¿Te gusta mi soledad? ¿Me gusta mi soledad? ¿Mi vacío aturdido de silencio?

¿Acá es donde llegan los astronautas? ¿Soy un lugar lejano, desconocido, secreto e imposible de alcanzar? ¿O solo soy una leyenda urbana que habita una ciudad, así como la Pelada de la Cañada?

Mis vecinos dirán: "Aquella vecina que vivía ahí... o vive". Hablarán de mí con datos sobre mi persona, ajenos a mi conocimiento, siendo yo ajena a sus existencias.

Estoy segura de que no me conoces, ni me reconoces. Porque, como las leyendas urbanas, solo soy vista en mi procedencia.

En esta guerra, como último acto, me verás siempre siendo feliz y odiando a quien amo, porque en el fondo no llegamos al futuro y morimos en el intento.

Las guerras acaban con tratados, y mi tratado data en mi dirección actual, donde me exilio y me ordeno para reclamar para mí el monopolio de la felicidad, el amor, la cordura y la alegría.

El amor que te di y enseñé, volvió.

Mis soldados, mi ejército, no existen. Descansan en paz y nadie entiende, ni comprende, cómo es que aprendí a vivir feliz; a amar sin partir del verbo romper.

Mis suegras no acuñan incomprensibles actos de maldad y humillación. No vivo triste.

Tus amigos te contaron el rumor. Lo vieron, lo viste y yo no lo sé.

En este país, Alicia, mi país, tu característica no existe. Por ende, te anoticias y no lo reprochas.

Preguntas: ¿cómo es que Pelusa vive sin miedo?

Y te consume aún más comprender:

¿cómo es que me enamoré?